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Historia de los burdeles

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Aunque en sus 149 páginas encontramos imágenes muy interesantes sobre estos lugares y sus protagonistas a lo largo de la historia universal, Mónica no se deja llevar por el oropel o las historias fascinantes: también nos recuerda que más allá de las escenas románticas hay otra perspectiva del negocio basada en la explotación de la carne, que colinda de forma peligrosa con la ilegalidad.



El Sexódromo

Ilustración: Sandoval

En las primeras líneas de la introducción del libro Historia de los burdeles nos enteramos que a estos espacios, además de llamárseles prostíbulos, también se les ha dado el nombre de academia de equitación, asilo de ancianas, baños públicos, cámara de comercio, casa angélica, casa caliente, casa de camas, casa galante, casa de mala nota, casa del pecado, casa de trato, estación de servicio, fábrica de carne, jaula de pájaros, palacio del asno, ramería, salón de belleza, tienda de mujeres, balneario del placer, colegio de señoritas, casa del diablo, lupanar, congal y muchos apelativos más.

Con esta información dada a bocajarro, nos queda claro desde el principio que el libro de Mónica García Massagué, editado por Océano Ámbar, será un interesante, divertido y curioso viaje por los burdeles más populares de la historia, por aquellos famosos que han usado sus servicios, por las damas más notables que han trabajado en ellos, las características más extrañas que han tenido y lo que en su interior se ha realizado. Estos “teatros de los placeres carnales” han sido populares por haberse empleado durante décadas “como medio tradicional para la iniciación de los jóvenes en los placeres de la carne, como espacio de reunión fraternal para hombres, primer escenario para un teatro que no permitía a las mujeres de bien subir a escena, como refugio para artistas de toda clase y como punto de partida de encuentro revolucionario para aquellos que planeaban un mundo a espaldas de la sociedad vigente”.

Aunque en sus 149 páginas encontramos imágenes muy interesantes sobre estos lugares y sus protagonistas a lo largo de la historia universal, Mónica no se deja llevar por el oropel o las historias fascinantes: también nos recuerda que más allá de las escenas románticas hay otra perspectiva del negocio basada en la explotación de la carne, que colinda de forma peligrosa con la ilegalidad y la amoralidad, que es pasto de actuaciones desaprensivas que afectan a millones de inocentes en todo el planeta.

Son ocho capítulos en donde se describe la memoria y geografía del burdel hecha de nombres propios de madames, pintores, políticos y escritores, entre otros personajes relevantes. Nos lleva desde la antigüedad, cuando las putas estaban “al servicio de Dios, el rey y el Estado”, hasta la actualidad, con prostitutas especializadas que ofrecen servicios tan particulares como baños de burbujas en jacuzzi, sexo en vivo entre ellas, sexo virtual, masajes eróticos, y es posible encontrar desde ranchos del amor hasta burdeles de muñecas inflables.

Este recorrido histórico por los recintos del placer deja a la autora —y a los lectores— unas características definitorias que reproduzco a continuación en sus propias palabras: “(los burdeles) Atienden a una (o varias) necesidades básicas humanas. Antiguamente, las meretrices de mayor alcurnia unían a sus habilidades sexuales el canto, la poesía y la interpretación de artes tan dispares como la caligrafía. Asimismo, ha habido burdeles famosos por su cocina o por sus espectáculos.

“Son cuna de la tolerancia y la comprensión, y dan cabida a un amplio espectro de caprichos o fantasías, que rozan en ocasiones en lo extraño. En el siglo XV, en Bolonia, se inauguró un prostíbulo con una curiosa especialidad: el sexo con los espíritus. No hay constancia de si las chicas hacían las veces de médium o bien si trabajaban poseídas por el espíritu deseado por el cliente.

“Su arquitectura y diseño es fiel reflejo de la clases sociales a las que atienden. Se han creado burdeles en tiendas de campaña, templos, monasterios, barcos y palacetes, por citar algunos ejemplos frecuentes.

“Fueron cuna de tendencias (la forma de vestirse de algunas prostitutas famosas fue copiada incluso por mujeres de todas las sociedades) y pioneros en parcelas como la estimulación mediante afrodisiacos y el consumo de drogas blandas.

“Han influido directamente en la economía, la política, la ley, la cultura y la religión vigentes en cada una de las sociedades en las que se han asentado. Incluso hoy en día son objeto de debate en cuanto a su utilidad como sistema de control sobre las prostitutas, ya que la calle ha demostrado ser un espacio más conflictivo para estos menesteres.

“Son pequeñas empresas con un estricto código de conducta. En el burdel, las chicas (o los chicos) son trabajadores o, en el peor de los casos, casi esclavos. La actividad se lleva a cabo bajo unos parámetros impuestos por el/la gerente, la popular madama en el caso femenino, y siguiendo unas rutinas de satisfacción del cliente. A lo largo de la historia ha habido burdeles regenteados por familias enteras, modelos de negocio que han traspasado fronteras.”

Para llegar a estas conclusiones, Mónica García Massagué nos lleva en Historia de los burdeles por todo el planeta en un viaje que les recomiendo por cuestiones históricas, de entretenimiento, para quitar algunos tabúes o conocer cómo se llevan a cabo todas las funciones de esta área de la industria del sexo en el mundo, para conocer sus aspectos negativos o por puro morbo. ¡Feliz viaje a los míticos lugares del carmín y el terciopelo rojo!

/impreso.milenio.com/

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