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El acelerador LHC bate récords de energía en su primer experimento

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«Colisiones». Este escueto mensaje de móvil fue suficiente, ayer a las 13.00 horas, para desencadenar el entusiasmo de Matteo Cavalli Sforza, director del Instituto de Física de las Altas Energías de Barcelona.

En el mismo momento, millares de investigadores de todo el mundo celebraban un momento álgido para la ciencia.

Las partículas que circulan por el Gran Colisionador de Hadrones LHC acababan de chocar con una energía nunca alcanzada en un experimento científico.


Esta energía –3,5 veces superior a la de los dispositivos más potentes, equivalente a simular condiciones parecidas a las del Big Bang dentro de un espacio microscópico– es suficiente para llegar a descubrimientos hasta ahora inalcanzables.

«Con suerte, dentro de los próximos dos años podríamos descubrir partículas desconocidas y hasta nuevas dimensiones», vaticina Cavalli Sforza.


El Gran Colisionador de Hadrones LHC (en inglés, large hadron collider), es un anillo con una circunferencia de 27 kilómetros, colocado bajo tierra entre Suiza y Francia en el Laboratorio Europeo de Física Nuclear (CERN). Dos haces de protones circulan dentro del anillo, con energías altísimas y en direcciones opuestas, para que choquen en distintos puntos.
Observando los choques y sus consecuencias, los científicos pueden detectar nuevos fenómenos físicos y partículas desconocidas. Ayer, cada haz alcanzó la energía de 3,5 teraelectronvoltios (Tev) –un total de 7 TeV en el punto de choque– muy superior al 1 TeV la de la máquina hasta ahora más potente, el colisionador norteamericano Tevatron.
«Desde hace un par de semanas, se han llevado a cabo pruebas de aceleración», comenta Cavalli Sforza, cuyo equipo está implicado en uno de los experimentos de LHC y que fue miembro del Comité de Política Científica del CERN. «LHC es como un modelo nuevo de Ferrari: hay que tomarle un poco el pulso antes de apretar el acelerador», añade.
El dispositivo ha alcanzado la mitad de la energía para la cual fue diseñado. Sin embargo, este es un récord muy esperado por los científicos. No solo porque permite observar fenómenos nuevos, sino también por el accidentado recorrido del experimento.
El 11 de septiembre del 2008, la primeras partículas circularon por LHC. Ocho días más tarde, seis toneladas de helio líquido se derramaron en el túnel subterráneo. El accidente, probablemente causado por un defecto en las soldaduras de la máquina, obligó a un parón de más de un año. Tras las reparaciones la máquina funcionará hasta 2012. Entonces se parará otro año para sustituir las soldaduras y así poder alcanzar la energía de 7 TeV por haz.

NUEVAS DIMENSIONES / Sin embargo, ya en la primera fase podría haber sorpresas científicas. «Con mucha suerte, durante el 2011 podríamos observar las llamadas partículas supersimétricas», explica Cavalli Sforza. Uno de estos objetos, nunca observados, podría ser el constituyente de la materia oscura, una gran cantidad de materia cuya existencia se ha detectado en el universo, pero sin saber de qué está hecha.
«Otro asunto sobre el cual se podría arrojar luz es el de las dimensiones extra», sigue el investigador. Según las teorías físicas más atrevidas, el Universo tendría unas dimensiones no detectadas que explicarían algunos fenómenos poco claros: por ejemplo, por qué la gravedad es más débil que las demás fuerzas.

MICHELE CATANZARO
BARCELONA

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