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"La tristeza también es bella, a veces más que la alegría"

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El azul es el color de la melancolía. El gato es un animal misterioso, independiente, y no pocas veces, traidor. El libro de relatos de Patricia Esteban Erlés (Zaragoza, 1972), Azul ruso (Páginas de Espuma) está lleno de ambos: felinos y tristezas. Historias humanas en las que dos personas sufren y sucumben. "Pero siempre se abre un hueco para la esperanza. Hay ironía.

Si no, sería insoportable, y no me gusta que sea así", advierte la escritora, con bastantes seguidores ya en las redes sociales y una de las autoras más interesantes del género breve de los últimos años. De hecho, ya ha publicado las compilaciones de relatos Abierto para fantoches y Manderley en venta, con excelentes críticas.

Estos trece cuentos están escritos desde el dolor. El lector lo percibe. "Sí, salieron porque hace un par de años lo pasé fatal. Me puse a escribir y surgieron así aunque luego los pulí y les quite lo ñoño. La tristeza se convirtió en un ejercicio literario", comenta la autora.

El poso fantástico y la maldad que anida en todo ser humano también están muy presentes. Ecos de Sedaris, de Patricia Highsmith, de Chuck Palahniuk, sus escritores favoritos. "La realidad siempre nos plantea una duda. Hay grietas y fisuras. Factores que se nos escapan. Creo más en lo real, que en lo irreal. Y por otra parte me encanta la gente que hace el mal, o mejor dicho, que escribe sobre el mal", confiesa.

Precisamente, con respecto al impulso de causar dolor, ella sostiene que es inherente a toda persona. "Las relaciones humanas son muy difíciles, son complejas, aunque creo que la tristeza es bella, a veces más que la alegría. Lo que me asombra es que haya relaciones que salgan bien".

En los relatos se advierte la mirada femenina. Alejada, eso sí, de todo tópico romántico. El concepto medieval de la buena chica no existe. Por las páginas aparecen mujeres que conciben la maternidad como una catástrofe, mujeres que meten la pata, que maltratan emocionalmente a su pareja. Son gatas. "Este animal, a veces ingrato y desleal es el que más se parece al ser humano. Es su alter-ego", mantiene.

Esta percepción femenina le lleva a creer en la literatura escrita por mujeres. "Yo no me siento insultada cuando se habla de literatura femenina porque creo que existe. Los hombres y mujeres no somos iguales y percibimos las cosas de forma distinta. El concepto de igualdad está mal enfocado".

De ahí que su próximo libro, una novela que mezcla el género negro y el fantástico, se titule El cajón de las bragas. "Todas las mujeres sabemos lo que significa. Están las bragas, sí, pero también los recibos, los pendientes... Es nuestro mundo", zanja.

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